Vil acto para apoderarse del territorio coreano

Corea fue sometida al destino de esclavo colonial bajo la dominación del imperialismo japonés durante más de 40 años en el comienzo del siglo pasado. Al rememorar aquel tiempo de martirio, no podemos reprimir la indignación hacia los agresores que manejaron a su antojo el destino de un país y una nación.

Entre ellos figuraban el primer ministro japonés Katsura Taro y el jefe de las fuerzas terrestres norteamericanas William Taft, que firmaron el “Acuerdo Katsura-Taft” el 29 de julio de 1905.

Este convenio estipula que Japón reconoce la dominación colonial de Estados Unidos sobre las Filipinas y, a cambio, Norteamérica colabora activamente con Japón en su invasión a Corea y reconoce su “gobernación tutelar” sobre esta, que Estados Unidos participa en la alianza inglés-japonesa, que Norteamérica, Japón e Inglaterra actúan conjuntamente en la agresión al Extremo Oriente, etc.

Una vez rubricado dicho acuerdo, el imperio japonés, bajo el apoyo de los yanquis y sin la intervención de otras potencias, fabricó en noviembre de ese año el “Tratado de Negociación Corea – Japón” (“Tratado de 5 Puntos de Ulsa”) que no tenía el consentimiento del emperador Kojong, máximo gobernador de Corea, ni el sello del Estado. En julio de 1907, inventó el “Tratado de Siete Puntos de Jongmi” para privarle del derecho de asuntos internos.

Para “legalizar” su ocupación a Corea, fabricó en agosto de 1910 el “Tratado de la Anexión de Corea a Japón” que estipula que el poder supremo de Corea se transfiere completa y eternamente al “emperador” japonés y Corea se “anexiona” a Japón.

Durante su dominación fascista y colonial cometió crímenes de lesa humanidad: mató despiadadamente a incontables personas inocentes, reclutó a millones de jóvenes y adultos para el trabajo forzado y el servicio militar y convirtió a más de 200 mil mujeres en consoladoras de su ejército.

Es absurdo decir que Japón y EE.UU. elaboraron el “Acuerdo Katsura-Taft” para la “paz” y “seguridad” en Asia, pues es un documento ilegal y falsificado como producto de la confabulación de Japón y EE.UU. que legalizó la dominación colonial sobre otras naciones tomando a Corea como objeto de negociación para ampliar su zona de influencia en Asia.

Hoy también Japón hace esfuerzos desesperados para repetir su historia de crímenes sin abandonar su antiguo sueño de lograr la “esfera de coprosperidad de gran Asia oriental”.

Aunque pasara el tiempo y se sucedieran generaciones, nuestro pueblo jamás se olvidará de los delitos cometidos por Japón y sin falta saldará las cuentas con él.