“Tratado de siete puntos de Jongmi”, fruto de fraude, coacción y arbitrariedad

Este año en que se acoge el 115º aniversario de la falsificación del “Tratado de siete puntos de Jongmi” el pueblo coreano evoca vívidamente la historia del megacrimen cometido por el imperialismo japonés en el pasado que nunca se puede ni debe olvidar por más que se cambien las generaciones.

El 24 de julio de 1907 Japón fabricó este convenio de carácter agresivo e ilegal.

Desde el punto de vista de la ley internacional resultó ser un documento ilegal y fraudulento.

Este tratado “rubricado” entre el Estado feudal de Joson que fue privado de derechos diplomáticos por el “Pacto de cinco puntos de Ulsa” y Japón que los privó, en efecto fue un documento ilegal falsificado por el segundo de manera unilateral y además no recibió la firma del máximo gobernante y el máximo órgano de gobernación del Estado.

Lo firmaron Ito Hirobumi, entonces “supervisor general” y Ri Wan Yong, primer ministro coreano.

Ri Wan Yong y otros vendepatrias demandaron al emperador Kojong que lo firmara, pero este negó rotundamente la firma y el sellado.

Dada esta situación, Japón recurrió solo al sello de Ri Wan Yong y se apresuró a hacerlo público como si el “tratado” fuera concertado legalmente.

El motivo principal de aquella falsedad fue el incidente del emisario secreto en La Haya.

El imperialismo japonés, al considerar que el gabinete de Pak Je Sun tenía no pocos “defectos” en practicar su dominio colonial, lo sustituyó por el de Ri Wan Yong. Luego de fabricar el gabinete traidor a la patria, maniobró por todos los medios para eliminar finalmente al emperador Kojong que constituía un cierto obstáculo en el fortalecimiento de su dominio colonial.

En esa circunstancia, ocurrió en junio de 1907 el incidente arriba mencionado.

El gobierno japonés lo aprovechó como ocasión para hacer realidad su propósito. Convocó una reunión del gabinete en que adoptó una nueva resolución de carácter agresivo cuyo objetivo era imputar al emperador coreano todas las responsabilidades del suceso y eliminar totalmente el gobierno coreano que existía apenas de manera formal y dio a Ito Hirobumi la orden de materializarla al pie de la letra.

Este, con el objetivo de fabricar fácilmente el “Tratado de siete puntos de Jongmi”, trató de retirar forzadamente a Kojong del lugar de emperador y sustituirlo por Sunjong, su hijo.

Pero su intento chocó con obstáculos debido a la manifestación antijaponesa del pueblo coreano en su contra y la posición persistente de Kojong.

Entonces Ito llamó a su casa al traidor Ri Wan Yong y le impuso la conclusión del tratado.

Como consecuencia, Japón llegó a apoderarse hasta del poder de asuntos internos de Corea.

Según el convenio, la dinastía feudal de Joson debía despachar, solo bajo la “aprobación” del “supervisor general” japonés, todos los asuntos internos, incluyendo el establecimiento de leyes, los importantes asuntos administrativos e incluso el nombramiento de altos funcionarios coreanos.

En cambio, debía nombrar como funcionarios a los japoneses recomendados por el “supervisor general”. Sin el consentimiento de este no podía emplear al extranjero.

Como se ve, el imperialismo japonés fortaleció aún más el dominio colonial mediante el “supervisor general” valiéndose del “Tratado de siete puntos de Jongmi” e impuso inenarrables dolores e infortunios al pueblo coreano durante cerca del medio siglo.

El crimen del imperialismo japonés de haber falsificado este tratado, fruto de fraude, coacción y arbitrariedad, nunca puede ser justificado ni perdonado, generación tras generación.

El pueblo coreano le hará pagar caro por haber ocupado nuestro país de manera vandálica y cometido crímenes sin precedentes.