Los niños, al campamento

En este planeta se transmiten innumerables casos de que multitud de gentes perdieron la morada e incluso la vida por las catástrofes naturales inesperadas, pero no existe ni un ejemplo de que los niños de las zonas damnificadas disfrutaron del campismo bajo la atención y la solicitud del Estado.

Entre agosto y septiembre de 2016 la zona septentrional de la República Popular Democrática de Corea sufrió una horrible catástrofe natural, cuyos daños causados por la ráfaga y lluvia torrencial fueron incalculables, a saber: fueron destruidos o sumergidos muchas viviendas y establecimientos públicos de varias ciudades y distritos, derrumbados o cortadas carreteras, puentes, presas y ferrocarriles, inundados o desaparecidos gran superficie de tierras cultivadas. Los habitantes se vieron obligados a vivir sin techo ni bienes y los niños perdieron escuelas y bases de educación extraescolar.

Frente a esta situación crítica, el estimado compañero Kim Jong Un tomó la medida urgente de movilizar en la recuperación todas las potencialidades humanas, materiales y técnicas del país y enviar poderosas fuerzas de construcción para edificar cuanto antes desde las moradas de los habitantes.

Lo que prestó especial atención fue precisamente el problema de disipar las heridas espirituales y la sombra de los niños de las zonas en cuestión.

Según la medida especial del Secretario General, cerca de dos mil escolares de zonas damnificadas pasaron el tiempo alegre en el Campeonato Internacional de Niños de Songdowon.

Ellos recibieron gratis todas las cosas necesarias para el campismo y, sentados como huéspedes de honor del tren especial, partieron hacia el campamento bajo la despedida de los padres.

Mientras los niños disfrutaban de privilegios de todo tipo, pasando alegres los días del campismo, en sus aldeas se construyeron en menos de dos meses nuevas viviendas para más de 11 900 familias, hasta tal punto que no pudieran reconocer la apariencia anterior. Al regresar del campismo, ellos volvieron a estudiar a sus anchas en las escuelas recién levantadas, cantando la canción de “No envidiamos nada a nadie en el mundo” y recordando los días inolvidables de la vida en el campamento.

La partida de los niños hacia el campamento en medio de la campaña de recuperación de los daños se transmitirá siempre junto con el amor del compañero Kim Jong Un a la generación venidera.