Gran respeto a Kim Jong Suk

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El 24 de diciembre del año corriente es el 99 aniversario del nacimiento de Kim Jong Suk (1917-1949), a la que el pueblo coreano venera eternamente.

He aquí algunas anécdotas de ella.

Leyenda de Hongqihe

Era el 25 de marzo de 1940 cuando la Lucha Armada Antijaponesa del pueblo coreano para liberar al país de la ocupación militar de Japón estaba en su apogeo.

Ese día en Hongqihe en el noreste de China el grueso del Ejército Revolucionario Popular de Corea (ERPC) al mando de Kim Il Sung, el entonces Comandante del mismo y posteriormente Presidente de la República Popular Democrática de Corea (RPD de Corea), embistió la infame unidad de Maeda del ejército japonés.

Cuando el combate estaba en álgido, un grupo de japis apareció en la cresta donde la Comandancia del ERPC.

Kim Jong Suk que para la seguridad de la Comandancia observaba atenta el contorno, los disparó corriendo en dirección contraria a la Comandancia.

Los miembros de escolta de la Comandancia acudieron en donde la heroína, escucharon lo que había acaecido y se sorprendieron. Fue que dos balas enemigas habían atravesado la palangana en macuto que ella se llevaba a la espalda.

Pero, Kim Jong Suk no hizo caso de lo ocurrido y al escuchar que el Comandante estaba ileso, esbozó una sonrisa radiante.

No una o dos veces ocurrió tal caso en los días de la ardua Lucha Armada Antijaponesa, pero en todo momento la heroína se ofreció sin titubeo en defensa de Kim Il Sung.

También soy hija del agricultor”

Era uno de los últimos días de 1945 cuando Kim Jong Suk que se había repatriado tras la liberación del país, permanecía en Chongjin de la provincia de Hamgyong del Norte en el noreste del país.

Con miras a conocer las situaciones de vida de la población, la heroína fue a una casa de aldea rural cercana y en el patio tomó sin cumplidos el trillo para desgranar la soja con el anfitrión.

El dueño trató de quitarle el instrumento, diciendo que no era aceptable trabajar duramente como ella quien consiguió gran fama.

Tomando afectuosamente de la mano del dueño expresó:

Abuelo, también soy hija del agricultor. Nací en la casa campesina como esta y cultivé la tierra. Luego continuó el trabajo.

El anciano se enjugó con el dorso de la mano las lágrimas en la cara arrugada y expresó que echaba de menos a su cónyuge que solo se había sufrido mucho y despedido de él sin ver la sociedad buena.

La protagonista volvió a tomar las manos nudosas del viejo y acariciándolas, dijo que largamente se disfrutara de felicidad hablando de los hechos tristes del pasado como cuentos.

Nuevas ropas ofrecidas a los hijos de los mártires

Un día de agosto de 1947, Kim Jong Suk, en compañía de Kim Il Sung, visitó el edificio docente provisional de la Escuela Revolucionaria de Mankyongdae.

En aquel tiempo, según la proposición de Kim Il Sung, concurrían aquí los hijos de los mártires revolucionarios dispersos en varias regiones del interior y exterior del país.

Kim Il Sung se bajó del coche y con los brazos abiertos, fue al encuentro de los niños.

Y, ¡qué extraño! Ninguno de los niños que gozosos venían corriendo, se atrevió a abrazar a su regazo. Vacilaron. Es que se dieron cuenta de que la ropa que se llevaban, estaba demasiado desgastada.

Al verlos, Kim Jong Suk dijo: El General no os reprocha por la ropa andrajosa. Sus palabras conmovieron a los niños, quienes, sollozando, se abrazaron en tropel al regazo de Kim Il Sung.

Ese día, después de la hora del almuerzo, Kim Jong Suk salió de la Escuela y de su mente no se borraron las imágenes de los niños que por mal estado de sus vestidos titubeaban ante el Presidente Kim Il Sung. ¿Cómo vestiría cuanto antes a los niños de ropa nueva?, pensó y propuso la campaña de confección de ropas. Como Kim Il Sung enseñó viendo el diseño de la muestra del uniforme escolar, convendría que el pantalón tenga en el lado de afuera de las perneras la ancha tira de color rojo que simboliza patentemente que es heredero de las brillantes tradiciones revolucionarias antijaponesas, dijo e incluso dibujó su diseño. Frecuentó los talleres de confección de ropas y logró que compusieran los artículos antes de la inauguración de la Escuela para abastecérselos a los alumnos.

El día cuando los escolares recibían nuevos uniformes, viéndolos animados y gozosos, se alegró y les aconsejó que aprendiendo de sus padres se prepararan como fidedignos herederos de la revolución.

Heroine of Korea

On December 24 this year the Korean people will mark the 99th anniversary of the birth of Kim Jong Suk (1917-1949). The following are some anecdotes of her life.

Battle of Hongqihe

On March 25, 1940, when the armed struggle to liberate Korea from Japanese military occupation was in full swing, the main-force unit of the Korean People’s Revolutionary Army fought a battle in Hongqihe, Northeast China, under the command of Kim Il Sung. It laid an ambush to annihilate the notorious Maeda unit of the Japanese army. When the battle was at its height, a group of enemy soldiers appeared near the ridge where the headquarters of the KPRA was situated. While keeping a sharp watch on the enemy’s moves to defend the security of the headquarters, Kim Jong Suk saw some Japanese soldiers approaching. She immediately fired on them, luring them away from the headquarters.

The members of the guards unit heard these suspicious shots and ran towards her. Listening to her explanation of the situation, they were very surprised to learn that two bullets shot through the iron bowl in the knapsack she was carrying.

However, paying no regard to the risk of her life, she was wearing a broad smile after hearing about the Commander’s safety.

Whenever facing such critical situations during the arduous anti-Japanese armed struggle, she shielded Kim Il Sung at the risk of her life.

I am a daughter of peasants”

It was in late 1945 that Kim Jong Suk, after returning to her homeland following its liberation, was staying in Chongjin, North Hamgyong Province, in the northeastern part of the country.

She went to a nearby village to inquire about the peasants’ living conditions. She dropped in at a cottage and held a flail to thresh beans with the host.

The latter took the flail from her and dissuaded her, saying that the job was so humble for her.

She held the old man’s hand in hers and said, “Grandfather, I am a daughter of peasants. I was born in such a cottage and grew up doing farmwork.” Then she began working hard.

The host, wiping tears on his wrinkled face, said that he was sorry for his poor wife who had not lived long enough to see this good world.

Stroking his calloused hand, she said in a consoling voice that he should live a long and happy life, telling children about the miserable past of his generation.

New Uniforms for Bereaved Children of Revolutionary Martyrs

One day in August 1947, Kim Jong Suk, in company with Kim Il Sung, visited the temporary building of Mangyongdae Revolutionary School.

At that time, according to a measure taken by the latter, the bereaved children of revolutionary martyrs were coming to this school from different parts of the country and abroad.

Getting off the car, Kim Il Sung walked towards the children with open arms.

However, the children, who were running towards him with great delight, stopped in front of him. They were hesitant to step forward because their clothes were too shabby.

Kim Jong Suk urged them, saying that he would never mind their shabby clothes. The children, tears welling in their eyes, threw themselves into the embrace of the benevolent leader.

She left the school well past the lunchtime, and she was still tortured by the thought of the children’s clothes. She pondered on the matter and decided to arrange a campaign for the production of new uniforms to be sent to the school. She went over the sample designs and said that the trouser legs should be lined with red stripes to remind the children that they should carry forward the brilliant traditions of the anti-Japanese revolutionary struggle as instructed by Kim Il Sung. She drew up the designs herself and often visited clothing factories, encouraging the workers to complete the production before the inauguration ceremony of the school.

On the day when the children were supplied with the uniforms, she was very pleased to see them full of vigour and optimism. She told them that they should prepare themselves to be reliable successors to the revolution by following in their parents’ footsteps.

 

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